Voces y Testimonios
Un año después. Desde el corazón.

Las imágenes de nuestro pasado se han desvanecido, aquel mundo con aromas a josca parece no haber existido, el recuerdo acolchado de pinos que cubría nuestros montes, se desvanece ante la realidad de la aspereza de la ceniza entre el sudor de las manos del agricultor. La fotografía enfocada con el sentimiento, reaviva el dolor que intento borrar, escondido a empujones en un rincón del alma. La realidad solo produce un efecto, impotencia…

¿Quién no ha llorado al enfrentarse a esta amargura?

Los pinos se extendían por las montañas para llenar el último hueco posible. Las carrascas llegaban hasta las cumbres llenando el paisaje con tonos plateados los días de viento. Algunas trabinas, subían por encima de los prados más fríos y sus puntas señalaban de verde ceniciento y pintitas amarillas las nubes de primavera.

Entre las peñas crecía el poleo, el té de roca, la saxifraga y el pericón de pincel, que recogidas a tiempo cuidaban nuestra salud con el saber milenario del herbolario serrano.

Romeros, tomillos, manzanillas, ontinas y espliegol, alimentan ejércitos de abejas que preparan sin parar su alimento y el nuestro.

En las zonas más altas y escarpadas, un manto de finos pastos invitaba al ramoneo de verano a las últimas cabras de la Serranía, los choticos juegan entre la broza, los ñudos, las avenas y los traidores erizones, ajenos al final que le provea el dedicado pastor.

Entre tanto verde, las cuadrículas de almendros viñas y olivos, marcan el tiempo de las cosechas al labrador con el puntual reloj de los siglos, aunque a veces, las higas blancas alcublanas engañan el calendario con una cosecha en primavera.

Filas de pruneras, albercoqueros i anzarollos remarcan las líneas de los ribazos que son recorridas, con más o menos gracia, por lagartijas y baquetas.

En el recuerdo están las pascuas de tronada, con sus gotas redondas y heladas que alegran las tardes de los niños, pedreadas de calabrujas, los veranos de frescas fuentes y noches de estrellas, octubres de rebollones, bolos, turmas y setas de cardo, con aromas de josca y pellorfas de almendra, y los inviernos de matacabras, olivas y batojas, tardes de hoguera, higas albardás y palomitas con miel…

Si miro atrás veo mis juegos de infancia, las carreras por los caballones de los bancales, el nido donde crecen y se refugian mis ilusiones infantiles, los recuerdos de mañanas gloriosas de rebollones acompañado por muchas gentes de mi mundo que hoy no están.

El monte y el campo, que ha hecho de unión con mi pasado y mis recuerdos, con los orígenes de mi cultura familiar y valenciana, se ha borrado, apenas un año ha pasado y no consigo llegar a ellos, ni a la gente que vivió allí, me han cambiado el mundo y por tanto, no puedo ver igual las cosas, ni sentir, ni vivir, ni amar… el bosque no es un paisaje, es la forma que he elegido para vivir, la mía, la nuestra, y me la han robado.



Desde la razón.

Nuestro medio forestal viene heredado, entre otros hechos históricos, de los despojos de las desamortizaciones del siglo XVIII al XX, donde se pretendió explotar (que no aprovechar) hasta el último recurso del bosque para sufragar la decadencia económica del estado. Posteriormente, se ha mirado al bosque en momentos de necesidad como manera digna de ganarse la vida, u oportunista, y así, según el momento político, se fomenta o se margina la actividad forestal.

A groso modo, el resultado a finales del siglo XX es un bosque (o medio forestal) generado por un conjunto de leyes interesadas que prohibieron el ganado, primero de cabras, allá por los años 50, y luego, para acabar de rematar nuestros paisajes, prohibieron de las ovejas, luego, otras medidas como los deslindes de monte público, usurparon miles de hectáreas de titularidad legítima para pasar a ser propiedad del estado, de las comunidades autónomas o de los ayuntamientos, y acabaron por configurar la actual propiedad del terreno forestal, la cual, no está histórica ni moralmente legitimada.

Con una sucesión de leyes, primero el decreto de Nueva Planta, luego la Desamortización, y luego el franquismo… trajeron también los usos del monte de Castilla, los forestales, las guías de tránsito, las repoblaciones, las prohibiciones, las limitaciones, las denuncias a los agricultores, la persecución del pastor… y la complacencia con el poderoso.

Hectáreas de pinar se arrancaban y se arrancan para extraer arcillas y yesos con total impunidad, o construir parques eólicos, y en muchos casos carecían de las licencias municipales ni abonaban impuestos en los ayuntamientos, mientras las denuncias castigaban al labrador del secano por tocar un pino y, de paso, espantaban al pastor que no quiso bajar a la ciudad.

Esta actitud desde el poder provocó una grave desafección y desinterés del hombre del campo por el estado del monte, que ha mirado de reojo como fuente de conflicto y que, únicamente con algunas actividades no remuneradas, como la recolección de setas o la caza, ha mantenido algún vínculo vivo con el monte.

La falta de objetivos forestales y la práctica de políticas forestales excluyentes, además de la falta de mano de obra en la industria, y del inexplicable éxito de la cultura anti-rural, eliminaron la posibilidad de crear un sistema cooperativo forestal, a imagen del agrícola, que hubiera aprovechado el monte y garantizado su continuidad, lo que en el lenguaje moderno llamaríamos “sostenibilidad”.

Así es que el paisaje milenario del agricultor y del pastor, se convirtió en un bosque que se modeló sin criterios, sin objetivos, con los únicos límites de la dejadez.

Como muestra de la falta de implicación de las administraciones, cabe remarcar que de los montes de utilidad pública de la Comunidad Valenciana, menos del 2 % poseen planes de ordenación del monte, y este requisito es imprescindible según la legislación de la propia autonomía para la explotación del monte y es de obligatoria redacción. Muchos de los montes de UP son declarados en los años 50 y aún no poseen esta herramienta de gestión.

Por otra parte, se ha practicado algunas medidas de prevención de incendios basadas en la construcción de líneas contra incendios, que en muchos casos resultan inútiles por el propio diseño. Los planes de prevención de incendios comarcales plantean aplicar las mismas medidas de prevención que en los años 60, y que tienen su origen en la técnica forestal alemana del siglo XIX, lo cual ha sido motivo de contestación tanto de los agentes sociales como de los usuarios y benefactores del medio forestal, tampoco son excesivamente apreciados por muchos profesionales de la extinción de incendios.

Concretando sobre la incidencia del incendio de Alcublas y de Andilla, y haciendo un cálculo en términos temporales, se ha quemado un recurso (nuestro bosque) en el mismo tiempo que los técnicos había previsto su evolución y sustitución por otro bosque de mejores características. Esto es, mientras se debía haber hecho 3 sacas de madera - una primera clara de repoblación, una corta de mejora, y un aprovechamiento - el monte se ha quemado sin generar más beneficios que los paisajísticos y poco más. No se trata de una opinión, es un hecho constatable.

En estos momentos nos encontraríamos próximos al turno final de corta de un pinar carrasco de repoblación. Estamos tratando de bosques de pinar de unos 50-70 años de edad, y el turno de mayor aprovechamiento se prevé alrededor de los 80 - 100 años.

Ciertamente, las repoblaciones realizadas por el Patrimonio Forestal y el ICONA, realizadas con pinos diversos, debieron ser aprovechadas y sustituidas posteriormente por especies de planifolios como la carrasca, el quejigo (rebollo en la Serranía) entre otros. Esto nunca se realizó por la falta de decisión, inversión, visión de futuro e interés de las administraciones, que han promovido la sustitución de los valores de monte como escenario de infinidad de actividades humanas, por el del monte como mero escenario de actividades de ocio para la sociedad urbanita, pensando que el único objetivo era mantener el monte en estado puro, o al menos, eso es lo que se ha conseguido.

Mientras tanto, algunas empresas, no más de dos, se han paseado por nuestra comarca con la patente de hacer lo que sea con tal de sacar, y únicamente sacar… no han dejado nada que valga la pena nombrar y, de paso, han marcado sus propias leyes como válidas, menospreciando la ecología, la historia, la cultura, y hasta la propiedad privada.

¿Cómo se ha llegado a esto? Mediante la aprobación de una compleja legislación orientada contra la actividad tradicional de aprovechamiento del espacio forestal, pero que intencionadamente deja resquicios o atajos para ser fácilmente vulnerada y esquivada por las maniobras de especulación del territorio (urbanizaciones, parques eólicos, parques temáticos, minería, infraestructuras…)

Por otra parte, nuestro bosque se había convertido en una foto fija para el visitante de fin de semana, olvidando que el mantenimiento del mismo, debido a la fuerte actividad humana milenaria en el corazón de su formación, debe ser dirigido y modelado por el hombre, con técnicas sencillas y sostenibles, que las hay, y únicamente el habitante del medio rural está cualificado, probablemente sea el único moralmente autorizado, para actuar sobre el monte.

El monte valenciano y mediterráneo debe estar lleno de ovejas, cabras, vacas, pastores, leñadores, boletaires, sembradores, pescadores, cazadores, escaladores, excursionistas, paseantes, ciclistas, investigadores, turistas y domingueros… con un objetivo común, que es el mantenimiento de las estructuras vegetales en el tiempo como base de los ecosistemas, aprovechando para ello el valor de los recursos que se generan, y su disfrute seguro y público.

Robert Rubio i Vicent
Ingeniero Técnico Forestal y Agricultor.
Andilla – Alcublas (Valencia)


Tópicos del monte del siglo XX y XXI.

TÓPICOS REALIDADES
Los incendios se apagan en invierno Los incendios se apagarán mediante un cambio en las políticas de desarrollo rural. La base de la prevención debe ser la lucha contra el inicio del incendio y no la extinción. De hecho, las medidas de prevención de incendios, intentan paliar la principal causa del origen de las cifras de incendios, que están relacionadas con el despoblamiento del medio rural y la falta de aprovechamiento de los elementos forestales, y que consisten en copiar a retales, el resultado de un bosque aprovechado.
El bosque valenciano es un bosque protector El bosque hay que protegerlo.
Cada vez hay menos bosques Debido al abandono de la agricultura cada vez es mayor la superficie de territorio valenciano susceptible de uso forestal, y de mejor calidad. Por contra, la calidad de los ecosistemas es peor cada día debido a la fragmentación y la antropización total del territorio.
El bosque mediterráneo no produce dinero El bosque valenciano produce grandes cantidades de beneficios económicos derivados de la extracción directa e indirecta, pero únicamente redundan en algunas empresas con estatus… o con patente.
Las principales funciones del bosque son ambientales y recreativas. El monte debe estar lleno de ovejas, cabras, vacas, pastores, leñadores, boletaires, sembradores, pescadores, cazadores, escaladores, excursionistas, paseantes, ciclistas, investigadores, turistas y domingueros… con un objetivo común, que es el mantenimiento de las estructuras vegetales en el tiempo como base de los ecosistemas, aprovechando para ello el valor de los recursos que se generan.
El monte es de todos. La mayor parte del suelo forestal valenciano es privado (56 %), en las provincias de Castellón y Alicante supera el 80%. Aunque no esté produciendo nada, tiene dueño.
El disfrute del monte no puede ser motivo de aprovechamiento económico, puesto que el monte es de todos. El bosque valenciano no debe ser motivo de actividad económica. Muchas zonas han cambiado el monte por otros modelos más rentables (urbanizaciones, industria…). Muchos propietarios han obtenido grandes ingresos de la venta del territorio y los ciudadanos se han beneficiado en general de las oportunidades laborales y económicas de ello, eso se ha llamado “desarrollo”.

Mientras tanto, los pueblos que mejor han conservado su patrimonio natural están siendo “parasitados” por los habitantes de otras zonas que vienen a disfrutar del entorno.

Ello no puede ser mantenido si la sociedad no distribuye la riqueza obtenida en las zonas donde esta se produce, para el mantenimiento de las zonas que lo requieren, bien en forma de pago directo o bien en forma de impuestos.

Debe implantarse ya un sistema de RETORNO AMBIENTAL para ayudar a mantener los espacios forestales menos productivos económicamente.
Hay que repoblar con especies autóctonas y quitar todo aquello que no sea del lugar. No se puede repoblar con fines comerciales. Las Riberas del Xúquer fueron un bosque primigenio de especies de ribera (sauces y olmos principalmente) acompañadas de carrascas. A nadie se le pasa por la cabeza arrancar miles de hectáreas de naranjos y caquis (especies tropicales, con levado consumo energético y de agua) de las riberas para retornar a los modelos de vegetación primigenia (de olmos y carrascas). Sin embargo, para muchos agentes, el medio forestal del interior está obligado a mantener determinadas funciones y modelos alejados de la productividad.
Los montes no deben ser plantados con determinadas especies vegetales. La opinión pública ha declarado especies como proscritas invasoras, cuando en realidad son las únicas viables en muchos casos debido a la degradación general del medio forestal y las que pueden preparar las condiciones adecuadas para la instalación de una vegetación “deseable”.
Hace falta más cortafuegos La gestión forestal debe aspirar a disponer de un monte con poca carga de vegetación (combustible) en general, con especies de interés tanto por los ejemplares que lo componen como por el conjunto de ellos, alternando un mosaico de formaciones como elementos generadores de biodiversidad, incluyendo la agricultura y pastoreo de montaña como elemento cultural y humano que diseñe el entorno agroforestal. Los cortafuegos a solas no responden en absoluto a estas necesidades, y en muchos casos queda como intervenciones de justificación.
Un incendio ARRASA el monte, es una catástrofe, una desgracia…Es el peor suceso para el monte. El incendio cambia el paisaje, en muchos casos elimina especies y formaciones de elevadísimo valor ecológico, aumenta la erosión, acelera la desertificación, afecta a la fauna… Pero los principales problemas del bosque están relacionados con la desaparición del medio forestal por urbanizaciones e infraestructuras (actuaciones irreversibles) y la contaminación.
Los bomberos no hacen nada.

Nos cuestan un dineral para nada.

No se ganan el jornal que ganan.
Los cuerpos de extinción de incendios forestales en el ámbito valenciano son las Brigadas de Emergencia y las Brigadas Helitransportadas, junto a las Brigadas Forestales de Diputación. Estos cuerpos especializados son los BOMBEROS FORESTALES (de lo mejor de Europa sin dudarlo) y reciben el apoyo especializado de las BRIF del Ministerio de Medio Ambiente (la élite de la extinción).

Este personal trabaja fines de semana, festivos, nocturnidad, turnos de disposición de 48 horas, contratación temporal… en muchos casos no llegan a 1000 € al mes, con un alto componente vocacional, y son las primeras víctimas y los más afectados por las políticas forestales mal conducidas… y nunca salen en los medios de comunicación, ni tienen un reconocimiento social acorde a su labor y dedicación.
Se me quema la casa y no hacen nada por apagarla. La prioridad en la extinción de un incendio son las vidas humanas, las propiedades y por último el medio forestal.

Se ha construido sin respetar los límites del entorno urbano y existen infinidad de urbanizaciones dentro del medio forestal, provocando graves problemas a los medios de extinción que deben prestar su atención a proteger la vivienda construida en el medio forestal (en muchos casos ilegalmente) y olvidarse de la extinción del incendio.
Hay que invertir más en extinción El costo de la extinción del incendio de Andilla-Alcublas y Cortes de Pallás, según la prensa, es de 4 millones de €, sin contar los medios propios de la Generalitat Valenciana, más sus horas extras. Posteriormente se han invertido otros 4 millones de € en obras de protección hidrológica (del todo insuficiente), a ello hay que sumar los 8 millones de € para indemnizar a los damnificados. Deberemos sumar las roturas y accidentes durante la extinción, la afección a caminos e infraestructuras agrícolas y cinegéticas difícilmente valorables, y al costo en conceptos de productividad de las empresas afectadas durante el incendio y en la reposición de esos daños… Este dinero sería más que suficiente para haber realizado las intervenciones necesarias en prevención y ordenación para que el monte no ardiera. Es más barato proteger una hectárea que apagarla.
Las soluciones son muy complejas Un cambio normativo, un cambio en la política forestal global con atención a la realidad forestal local, la eliminación de privilegios de otros sectores económicos sobre el agroforestal… no son medidas complejas ni caras.


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